Para la persona encargada del monitoreo ambiental, la acuicultura y el tratamiento de aguas residuales, elegir el sensor de turbidez adecuado es una decisión crucial. Esta elección afectará directamente la eficiencia operativa, la precisión de los datos y el control de costos a largo plazo. Si se selecciona un sensor inadecuado, los resultados de la medición pueden ser poco fiables, lo que afectaría el cumplimiento normativo o la optimización del proceso; además, podría requerir mantenimiento frecuente; o bien, podría averiarse prematuramente en condiciones de agua de mala calidad.
La clave para tomar la decisión correcta se reduce a tres factores innegociables: precisión acorde con el rango de turbidez específico, flexibilidad de instalación compatible con las configuraciones in situ y resistencia a la corrosión adecuada a las propiedades químicas del agua.